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Hace casi 2.000 años, unos monjes de la antigua Gandhara (lo que ahora es el noroeste de Pakistán) enrollaron 29 manuscritos de corteza de abedul que contenían las enseñanzas y poesías de Buda, escritas en alfabeto Kharosthi, los metieron en vasijas de arcilla, los sellaron y los enterraron.
Un salto rápido hasta 1994, año en el que la Biblioteca Británica adquirió los rollos, y, pensando que podían ser importantes, hizo venir a un erudito de la Universidad de Washington para que los evaluara. Y realmente lo eran: según Richard Salomon, profesor de sánscrito del Ddepartamento de Lenguas y Literaturas asiáticas de la Universidad de Washington, estos son los rollos budistas más antiguos descubiertos hasta ahora. Ahora, las herramientas de edición digital ayudan a Salomon y a sus colegas a estudiar, traducir y conservar los manuscritos. "La belleza de esto es que ni tan siquiera tocamos los rollos reales, sino que usamos Adobe® Photoshop® para obtener una información que no podríamos sacar del original", dice el investigador ayudante de Salomon, Andrew Glass. "Puede que no se hayan entendido todas las implicaciones de esta tecnología cuando empezó este proyecto, y por ello es muy excitante". El proyecto de manuscritos budistas antiguos (U.S), un proyecto de colaboración entre la Universidad de Washington y la Biblioteca Británica, comenzó en 1996 y su primer fruto, "Los rollos budistas antiguos de Gandhara", que es una visión general de los manuscritos y de su relevancia, se publicó el verano pasado. Los participantes en el proyecto esperan publicar cuatro volúmenes adicionales, a razón de uno cada seis meses a partir de este octubre. Finalmente, toda la colección se traducirá al inglés y será convenientemente estudiada. Salomon y Glass ya han acabado el primer volumen de traducciones, y están empezando a trabajar también en otros manuscritos. La reconstrucción del texto es un proceso laborioso porque algunos de los rollos están deteriorados. La Biblioteca Británica montó los fragmentos, que varían de una longitud de unas pocas palabras a varios cientos de líneas de texto, en 57 marcos de cristal, e inicialmente proporcionó a la universidad fotografías en blanco y negro de los marcos, el medio tradicional que usan los eruditos para estudiar textos antiguos.
Pero las fotografías no era lo suficiente legibles, dice Glass, por lo que la biblioteca y la universidad empezaron a pensar en el modo en que las herramientas digitales podían mejorar su acceso al material. Primero, la biblioteca intentó tomar fotos a color y escanearlas, pero la resolución no era lo suficientemente alta y los colores cambiaban. El escanear los fragmentos en sí mismos no era una opción viable, ya que la luz del láser podría dañarlos, y por ello la biblioteca capturó los fragmentos en marcos usando una cámara 4 x 5 digital y proporcionó archivos TIFF de 100 MB en CD-ROM a Glass y a sus colegas.
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